El siguiente aspecto que me gustaría abordar es el acoso callejero. Los silbidos, comentarios sobre el físico, los: “qué rica tú estás mami” o los: “ mi amor, que bella” forman parte de las interacciones en la calle. En Cuba se entiende como algo cultural, se normaliza y minimiza, aunque no debería ser así. La vida en Cuba es pública, la calle es el mayor espacio de sociabilizacion y el trato cercano es la norma. Muchas europeas no estamos acostumbradas a la interacción no solicitada y puede generar incomodidad, frustración, rabia o miedo.
¿Cómo podemos manejarlo? En primer lugar, diría ignorar, caminar con la mirada fija hacia delante y evitar el contacto visual. Sin embargo, a veces la rabia o la frustración te provocan un nudo en la garganta y necesitar decir o hacer algo. Las mujeres cubanas nos han explicado que, a veces, podemos contestar, mejor si es desde la broma u otro comentario jocoso pero marcando límites: “déjame tranquila”, “¿tú te has visto?”.
En primer lugar, diría ignorar, caminar con la mirada fija hacia delante y evitar el contacto visual. Sin embargo, a veces la rabia o la frustración te provocan un nudo en la garganta y necesitar decir o hacer algo. Las mujeres cubanas nos han explicado que, a veces, podemos contestar, mejor si es desde la broma u otro comentario jocoso pero marcando límites: “déjame tranquila”, “¿tú te has visto?”.
Aunque desde mi experiencia no lo he puesto en práctica. Más bien he optado por ignorar y seguir mi camino. Por último, mencionar que no merece la pena reaccionar con agresividad, ya que puede escalar y volverse violenta la situación.
Autora: Alba Martínez – Voluntaria en Firas House

